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La 'negra grande' ahora se dedica a enseñar canto y baile a 20 muchachos de Robles, su pueblo natal PDF Imprimir E-mail
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Opinión
Viernes, 29 de Mayo de 2009 14:11
"Pensé: tengo que irme a mi pueblo y ponerme a enseñar lo que sé", dice la artista, lista a destapar la caja de recuerdos de 75 años de vida.

Ese lugar se convirtió desde hace dos años en el refugio de Leonor González Mina. Allí, en medio de geranios, orquídeas y árboles se ha ido reconfortando y ha vuelto a sonreír.

'La negra grande de Colombia', que esta semana recibió la Gran Orden al Mérito Cultural, teje, borda, da clases de canto, de teatro y se goza el papel de abuela que hace por partida doble: el amor que le profesa a Juana, su única nieta, y el que le despertó su faceta cómica, el de 'mamá Erminia', la abuela del soldado Quiroz, de la serie Retorno a la Guaca, donde volvió a meterse a los hogares colombianos.

Ya no se esconde cuando oye el paso de vehículos que pasan por la carretera destapada después de recorrer 32 kilómetros desde de Cali. Sale con su sonrisa amplia por los corredores de la casa. Fueron diez años en los que se sumió en el mutismo.

"Los papás nunca esperamos que los hijos se mueran primero", dice Leonor, quien admite que muchas veces enfrentó al fantasma del suicidio.

Pero,su hijo Juan Camilo y su nieta le recordaban que su papel en la tierra todavía no termina. "Pensé: tengo que irme a mi pueblo y ponerme a enseñar lo que sé", dice la artista, lista a destapar la caja de recuerdos de 75 años de vida.

El escape a la fama

Y suelta su primera carcajada, al recordar los dolores de cabeza que les provocó a Leonor y Buenaventura, sus padres, que soñaban con verla convertida en enfermera jefe u odontóloga. Y como no quería estudiar por estar pensando con el canto y el baile, el castigo fue cocinar para los 15 trabajadores de la finca de cacao de su padre y lavar ropa en el río.

A los 18 años, el folclorista Manuel Zapata Olivella, quien cruzó medio país para ver su talento por recomendación de su amigo Raúl González Mina, terminó por convencerla de seguirlo a la Unión Soviética con el grupo folclórico de su hermana Delia.

"Me volé. Como yo era la que iba a Cali a negociar el cacao de mi padre, un día dejé un poquito para mí. No quería irme sin nada y les dejé una cartica diciéndoles que había sacado unos centavitos y que me perdonaran".

Así dejó atrás a sus padres y ocho hermanos para irse a buscar fama. Se divierte al recordar que pasó de las caminatas a pie por las calles sin pavimento de Robles al frío del Viejo Continente; cómo su primera noche en París la pasó en un ascensor porque no supo abrir la puerta; los resbalones en las calles de Siberia donde, asegura con orgullo, fue la primera latina y negra en cantar en semejante helaje. Y cómo, rumbo a Polonia, conoció en un tren a Gabriel García Márquez.

A su regreso se encontró en la vida a Esteban Cabezas, periodista y publicista, que se convirtió en el amor de su vida. Con él rompió otra regla que despertó la ira de su padre, pues, sin pasar por iglesia, se fueron a vivir juntos: 19 años de amor, trabajo y por qué no, dice Leonor, de desilusiones.

Fue Esteban quien la motivó a estudiar canto, teatro y danza y quien le insistió al ya fallecido hombre de radio Hernán Restrepo que la escuchara. Así se convirtió en la primera mujer que grabó música del Pacífico (Cantos de mi tierra y de mi raza, el que considera su mejor trabajo)

"La novedad de ver la primera carátula con una negra llamó la atención". Se hizo famosa con Yo me llamo cumbia, A la mina y Mi Buenaventura, pero había quienes preferían escuchar sus boleros y torbellinos.

A la pantalla

Leonor no solo estaba llamada para el canto. En la obra de graduación de teatro, el maestro Bernardo Romero Pereiro (q.e.p.d) descubrió ese otro talento que desvelaba a su madre: la actuación. Y escribió La negra chambimbe, monólogo en el que combinó todo lo que sabía.

Cuando ya se defendía, el cine también la sorprendió. Estuvo bajo la lente de Bernardo Bertolucci; compartió escena con Bud Spencer y Trinity, así como con Franco Nero, quien asegura sabía que tenía los ojos azules más hermosos.

"Pero hasta ahí", dice ahora Leonor en materia de hombres. Porque desde que partió cobijas con Esteban y decidió criar sola a sus hijos, tiene algo muy claro. "Cuando me separé, dije: en esta casa solo se cuelgan calzoncillos y camisetas de mis hijos, de nadie más".

Una página que pasa con rapidez es la de la política, a la que llegó por la senadora Piedad Córdoba. Y comenta que todavía no sabe cómo logró más de 30.000 votos. En dos oportunidades intentaron sacarla, pero no pudieron a pesar de que tuvo que sortear dos conatos de infarto y uno de una trombosis.

Después, realizó un discreto papel en Un ángel llamado azul y se sumió en la crisis más horrible.

Recuerda que, casi sin poder caminar, llegó a Robles, donde ahora les habla a sus matas, aprendió a darles de comer a los pájaros que llegan a su ventana y adonde llegó para amar la vida: "Aquí espero quedarme un buen tiempo hasta que, como dicen los muchachos, me toque chupar gladiolo".

Comenzó a cantar en Francia

Leonor González Mina nació el 16 de junio de 1934, en Robles (Valle del Cauca).

En 1958 comenzó a cantar frente a un escenario repleto. No estaba en su tierra, sino en el teatro Olympia de París (Francia) y lo hizo casi a la fuerza porque al público no le gustaban los baches entre los números de danza del ballet de Delia Zapata Olivella.

"Era una canción que compuso mi tío y la tradujeron al francés. No sabía ni 'mu' de ese idioma; alguien me enseñó a pronunciar la letra y, al momento de salir, entré en pánico. Tuvo que empujarme Manuel (Zapata Olivella) y quedé en medio del escenario".

En ese momento, hace 51 años, la joven bailarina se quedó muda y solo ante el sonido alentador de los aplausos, su voz comenzó a fluir y entonó la canción en un idioma aprendido sobre la marcha.

Con el paso del tiempo, se convirtió en un símbolo de las comunidades afrodescendientes en el país, gracias a su voz dramática y potente que haría famosas canciones como Yo me llamo cumbia, A la mina o Navidad negra.

"Me di cuenta de que cantaba a los cinco años de edad", recuerda. Y agrega que cuando se decidió por el mundo artístico, se lanzó sin ningún complejo, pese a ser discriminada.

PATRICIA ALEY
CORRESPONSAL EL TIEMPO
ROBLES, JAMUNDÍ (VALLE)

Tomado de: http://www.eltiempo.com/colombia/occidente/la-negra-grande-ahora-se-dedica-a-ensenar-canto-y-baile-a-20-muchachos-de-robles-su-pueblo-natal_5261447-1

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