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Ojo a la olla PDF Imprimir E-mail
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Opinión
Martes, 05 de Mayo de 2009 07:42
Más allá del marco del VII Festival de Teatro, una obra de teatro como Orgía, del grupo Barco Ebrio, inspirada en la obra homónima de Enrique Buenaventura, cobra enorme vigencia a la luz de los hechos que sacuden al mundo. En alguna medida el teatro posee la capacidad de iluminar el presente y, como decía Cervantes, de ser “advertencia de lo por venir”. Esa capacidad hace sentir incómodos a muchos, desde directores exquisitos y delicados académicos hasta críticos oficiales. Este artículo, cuya vena irónica incomodó a algún tachador de prensa, quiere rescatar para los lectores una de las obras más agudas, hilarantes y perturbadoras de la actual escena caleña.

Ojo a la olla: Orgía, del grupo Barco Ebrio
Por Hoover Delgado

A las buenas almas que aguardamos a que Dios y la banca encuentren la fórmula para sacarnos de la olla es que nos metieron sus infalibles profetas, Barco Ebrio nos has servido un plato corrosivo con su puesta en escena de Orgía, inspirada en la obra de Enrique Buenaventura. Y lo ha hecho al mejor estilo del maestro.
Para nadie es un secreto que en La orgía, Buenaventura conjuga los ingredientes admirables de su magisterio teatral: el método, una historia conmovedora y un texto de poesía infrangible. Buena parte de su obra se centró en enseñarnos que si los fenómenos sociales gozaban de una profunda teatralidad, faltaba al teatro descubrir que como fenómeno social él mismo podía ser teatral. Y por ese camino descubrió el juego. Con el tiempo el juego se volvió serio y recibió otro adusto nombre de receta: el método. Sin embargo, Buenaventura nunca dejó de ser quien era: acudía a la cultura popular, al arte, al estructuralismo, al psicoanálisis y sacaba de allí lo que le era útil. De esa manera agudizó un ojo de águila que le permitió captar los signos que llevó a su cocina para luego devolvérselos a la gente en platos impecables que nutrieron a una generación que luego quiso copiar su receta. De esa generación salió de todo: buenos y malos comensales, uno que otro exquisito y quizá algún atorrante que escupió sobre la mesa. Ninguno tan agudo como el viejo maestro, quizá porque todos estaban pendientes de la receta y no de lo más importante: el ojo.
Barco Ebrio le ha apuntado al ojo, no a la receta. En ninguno de los dos montajes que ha hecho de obras de Buenaventura hay trazas de método. Ni en su puesta en escena de La maestra, heredera del teatro poético de su primer montaje, Crápula Mácula, ni en la puesta fársica de Orgía, su reciente montaje. En cambio ha sabido leer, con ojo agudo y parricida, los signos de los días que corren. La clave de su puesta está en la olla que se rompe al final de la obra. Recordemos que La orgía  es la historia de una vieja que cada mes reúne a cuatro mendigos y los obliga a representar para ella, bajo la promesa de una olla de comida y de la paga –a la que sube y baja de valor–, su pretendido pasado de gloria y opulencia. Resultado: los miserables le dan muerte, despojan a la vieja y deciden devorar la olla.    
Y aquí viene lo crucial. Se entiende que los símbolos del capitalismo hayan mordido el polvo: Babilonia la grande ha caído; las bolsas del mundo se desploman; el Primer y el Tercer Mundo parecen un Banco de Sangre atendido por Madoff y DMG; alguien destapa la olla podrida del gobierno y saltan Mancusos, Teodolindos y José Obdulios. Todo eso, vaya y venga. Pero ¡que caigan las acciones de los pordioseros! ¡Qué la vieja miserable especule con la bolsa y la roña como cualquier Sarmiento Angulo! ¡Y que la olla esté vacía! Eso ya es intolerable. Indigerible. Ese plato nadie se lo traga.
No importa la actuación impecable del elenco, la ajustada escenografía, la teatralidad desbordante y el remozamiento acertado de Buenaventura. No. Barco Ebrio debería considerar una pública disculpa, decir que hay un error o al menos cerrar su teatro mientras las cosas mejoran. Debe saber que, semejante a la vieja, Uribe, el BID y la banca van a cumplir sus promesas. Y que antes de que esta inmensa orgía se extienda por el mundo, la banca y nuestro salvador serán capaces de comprender que esa olla sí existe. Al fin y al cabo, han sido ellos quienes con más ahínco han contribuido a meternos en ella.

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